12/06/18 | ¿Cuál es el origen de la camisa?
Se trata de una prenda muy utilizada desde la antigüedad, durante las diferentes civilizaciones. ¿Cuál es el origen de la camisa?

Desde su origen, la camisa ha evolucionado sustancialmente. Hoy es una prenda de vestir imprescindible para el hombre y para la mujer, y sigue siendo un símbolo de distinción, como en tiempos pasados.

¿Cuál es el origen de la camisa?

Una de las primeras muestras de camisa, se encontró en un ajuar funerario egipcio de hace más de 3.500 años. Era de lino y estaba cortada en forma rectangular, doblada y cosida a los lados; tenía una única abertura para la cabeza y las mangas eran muy ceñidas.

Los griegos la llamaban Kámason y los romanos Subucula. En la tradición Celta era símbolo de protección. “La piel cubierta por camisa no será alcanzada por la enfermedad”, decían los sacerdotes. El término descamisado suponía desamparo moral y social.  En castellano la palabra procede del latín camisia, de uso en el siglo IV. Los árabes la llamaron kamis.

En oro y plata

En el siglo XII, las camisas masculinas eran cortas y las femeninas largas, tanto que llegaban a los pies. Un siglo después se incorporaron adornos de oro, plata, perlas y piedras preciosas en cuello y mangas. Se utilizaban para dormir y a las mujeres las cubría de la cintura hasta el cuello.

La camisa era un símbolo y hasta se convirtió en la mayor ofrenda a la Virgen María, una costumbre que perduró durante siglos. También se utilizó para hacer brujería, curar enfermedades o demostrar amor.

Hacia el siglo XVI, la camisa española era bordada en oro en puños, cuello y costuras. Se exportaba a toda Europa.

La camisa de hoy

Hacia finales del siglo XIX, la forma de la camisa era distinta. Poseía una fila de botones de arriba abajo, se colocaba por la cabeza y se consideraba ropa interior. Solo era visible el cuello.

Las camisas blancas y sus cuellos definían distinción social. La blancura identificaba a la aristocracia, que podía mantenerla impecable; el pueblo no podía hacer gala de tal pulcritud. Surgieron así los cuellos postizos, que permitían intercambiarlos sin lavar la prenda completa periódicamente.

Pese a la aparición de camisas de colores oscuros o estampadas, la aristocracia mantuvo los cuellos y también los puños blancos. Era su signo de distinción.  Las camisas de hombre se abrochaban hacia la izquierda, las de mujer a la derecha; esto aún se mantiene en muchos casos.

En España el origen de la camisa moderna se remonta a principios del siglo XX. Hoy el concepto se mantiene, aunque con algunas variaciones, como el tamaño del cuello.

Una buena camisa

Una camisa elegante suele ser blanca, sin botones en el cuello y con doble puño para gemelos. Debe ser de manga larga, sin bolsillos.  Las de manga corta deben reservarse para ocasiones informales.


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